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Artículo de opinión de David Aguinaga, concejal de Ciutadans de Terrassa

El reciente incendio en el polígono Can Guitard, donde una empresa dedicada a la valorización de residuos (que acumula varias denuncias de sus vecinos) tuvo que llamar al servicio de bomberos ha puesto de relieve, de nuevo, el problema de la gobernanza de los polígonos.

Dicha empresa ya había sido objeto de varias denuncias por arrojar al aire serrín en suspensión. El viento hacía el resto depositándolo en las instalaciones vecinas. Las quejas por el impacto ambiental de la trituración de madera y las dudas sobre las condiciones en que desarrollaba su actividad deberían haber movido una acción más diligente. No fue así.

Y es que una cosa es tener permiso para desarrollar tu actividad y otra cómo la desarrollas. Y aquí está la clave del asunto: si los polígonos no están organizados, si los inquilinos de los polígonos no participan en su gobernanza, incidentes como este seguirán ocurriendo.

Con la excepción del Els Bellots, donde existe una asociación capaz de hacer valer sus necesidades frente al Ayuntamiento, pero también capaz de tutelar la convivencia entre las empresas de los polígonos, en el resto la gobernanza de estos brilla por su ausencia. El resultado es que ni los inquilinos se preocupan por el espacio que queda fuera de su recinto industrial ni el Ayuntamiento tiene un interlocutor único en cada polígono. Por este motivo, urge una acción enérgica para que los polígonos dejen de ser tierra de nadie.

Los vecinos de una finca tienen la obligación legal de constituir una comunidad, pero en los polígonos, por desgracia, no sucede así. Las empresas dicen que no pueden ser obligadas a asociarse, pero tampoco hacen nada por organizarse y disponer de una voz conjunta frente a la administración; las patronales locales ni están ni se las espera; y el Ayuntamiento deberá conformarse con seguir enviando camiones de bomberos para apagar incendios.